lunes, 22 de diciembre de 2008

Fin de semana en el Pico de orizaba

Salimos el viernes a las seis de la mañana hacia con rumbo hacia Puebla, para después llegar a Atzintzintla Puebla, lugar en el que desayunamos, como a las 10:30 de la mañana, ya que antes de la caseta de Amozoc hubo probablemente un accidente y eso nos retraso casi una hora. Mientras estabamos parados en el tráfico, Billy aprovechó para hacer una escala técnica a orillas de la carretera.
Después de desayunar nos dirigimos hacia Texmalaquilla, y ahi comenzamos a caminar hacia el valle, en un trayecto que yo creí que duraría 5 horas, fueron tan solo 2. Nos turnamos para manejar y asi es como el coche llegó junto con las cosas y nosostros también llegamos al Valle del encuentro, aproximadamente a las 1:30 de la tarde.
Después nos preparamos para acampar y comer-cenar. Decidimos no hacer fogatas y como a las 8 nos dispusimos a dormir.
El viento me despertó por ratos, y ahi es donde me dí cuenta que no había superado lo ocurrido en el nevado de toluca en julio. Pero con la ayuda de Mari, lo sobrellevé.
Despertamos a las 4 de la mañana el sábado y salimos a caminar a las 4:30am con rumbo del telescopio que está en la cima del volcán Tliltepetl. Por un momento el camino parecía interminable, pero como a las 6:40 llegamos a la cima, primero Mari, como siempre, luego yo y finalmente Billy y Nico nos alcanzaron para poder apreciar el amanecer desde ahí. Un, en verdad, espectacular amanecer.
Después de desayunar algo, regresamos al campamento como a las 8:30 de la mañana dispuestos a dormir y justo cuando estábamos a punto de hacerlo llegaron mi mamá y Javier. Les comentamos nuestras intenciones de dormir, después de haber subido al volcán. Mi mamá también durmió y Javier desapareció.
Cuando me levanté eran casi las once, empecé a acomodar las cosas para subir al refugio, luego mi mamá se levantó y se aprestó a salir al refugio también. Empacó un gatorade, una coca, unos chocolates, unas galletas y su chamarra y salió hacia el refugio a las 11:30am, justamente cuando llegó Javier de regreso de su ascención al Tliltepetl, la cual hizo muy rápido.
Todavía nos llevó un rato quitar el campamento y empacarlo todo, pero Mari y Javier ya estaban listos, así que salieron a alcanzar a mi mamá como a las 12:20pm y le llevaron un radio solo por si acaso.
Finalmente salimos Billy, Nico y yo como a las 12:45pm con rumbo del refugio también.
En el camino nos rebasó una camión de redilas con algunos otros alpinistas e inmediatamente pensé que nos ganarían el refugio, pero afortunadamente Mari y Javier pensaron lo mismo y se adelantaron y consiguieron buen lugar en el refugio, ya que el camión llegó al límite del camino transitable, justamente cuando ellos llegaron. El camión le dió aventón a mi mamá un tramo pero luego, al no saber ella hacia donde caminar se regresó, a pesar de que llevaba un radio, no obedeció las instrucciones y regresó una parte del camino.
Llegué al refugio como a las 3:30pm y después de eso regresé para ayudarle a mi mamá un tramo, quien ya no pudo subir el ultimo tramo. Le di mis bastones y la empujé un tramo y como a las 4:30, finalmente regresamos al refugio nuevamente, al cual ya habían llegado también Nico y Billy. Mi mamá en total hizo cinco horas en la subida. Nos dispusimos a cenar entonces, pero yo no tenía hambre, para mi mala fortuna el hambre apareció hasta las once de la noche y después de eso no se me quitó.
Nos fuimos a dormir como a las siete de la noche. Yo en realidad estaba muy cansado y pensé que no podría hacerlo al día siguiente, pero esperé a ver si dormir me ayudaba un poco, y aunque eso si fue así la falta de comida hizo que sintiera un malestar general.
Revisando mis cosas me dí cuenta que le había dado la última coca a mi madre y la única sopa que habia subido al refugio desde el campamento, entonces pensé que subir sin haber comido era un error, por lo que a la una de la mañana les dije a los otros chavos que no ascendería a la cumbre, pero que se fueran con la expedición de las tres de la mañana. Nicolás y Billy no tenían planeado subir, y tampoco mi mamá. Nicolás se sintió un poco mal durante la noche, pero al día siguiente se recuperó.

A las tres de la mañana partió la otra expedición junto con Javier y Mari, y yo viendo que el hambre seguía decidí nuevamente y por última vez no ir, ya que la semana pasada me habia pasado lo mismo en la bicicleta y estuve cerca de desmayarme. La decisión me costó mucho trabajo y en realidad me molesté por ello, pero la montaña seguirá ahí.
A la mañana siguiente regresamos al campamento, mi mamá, Nico, Billy y yo, y ahi pude desayunar algo finalmente. Mientras tanto Javier y Mari, alcanzaron la cumbre a las once de la mañana. Hicieron ocho horas en un trayecto de solo cuatro, y después explicaron que el guía de la otra expedición se sintió enfermo todo el trayecto y que además les puso como condición para que los guiara, que nunca lo rebasaran. Bueno, algunos guías son así.
Bajaron de la cumbre cerca de las cuatro de la tarde al valle mientras nosotros ya habíamos comido, ido al pueblo y regresado y dormido un poco.
Finalmente sanos y salvos, llegaron al valle, y nos dispusimos a partir inmediatamente. Yo manejé, y también así lo hizo Billy con el coche de Javier, y al parecer fue buena idea, ya que él estaba también muy cansado.
Llegamos a la ciudad cerca de las ocho de la noche y eso fue todo.

1 comentario:

Mariana Pato dijo...

Que buenos días fueron esos..eso sí que es una verdadera celebración de cumpleaños! Las estrellas, el aire frío, el verde, el cielo profundo, el amanecer...
La montaña siempre nos asombra... y la diminuta hierba que crece a sus pies también lo hace.