miércoles, 27 de mayo de 2009

El Tema

Hace mucho que este blog no aborda ese tema, El Tema.
Recordando en mi mente los momentos pasados y futuros, me puedo dar una idea de que no cedemos a la posible convergencia.
No creo haberlo intentado del todo. ¿Para qué? A veces me duele.
La clave está en el grupo, probablemente abeliano. Sí, pero no logro definir ni el espacio métrico ni el campo, ni la funcional.
Candente por qué de la naturaleza, me remite simplemente al ajo. Soberbio serbio y sobrio.
A mi me gusta, aún con ese olor, tan peculiar, a veces fuerte.

Justo en el instante en que cruzo el río me vuelvo invisible. Se esforzaron hasta el límite, marcado con una equis, o tal vez una zeta, imaginario entonces.
La contención es inaudita. Sálvome, y perdónome.
Un día llegué de la escuela y sintonicé mi cerebro. Saber sintonizar el cerebro es un poco más complicado que la radio o la tele. Sólo un poco más. El canal que capté, me dejó deslumbrado y así es como mi padre lo supo, mi padre, mi padre, mi maestro, mi padre y mi maestro.
Interiormente, exteriormente e interior y exteriormente.
Sólo estuvo ahí un rato. Largo periodo de la espera intervita, interina.

Me conformo, solamente con la atención, atiéndeme. No no, atiéndete y eleva tu atención.
Tu atención esta en la sombra. Tendrás una charla con el otro lado. Durante años ha sido así, de la misma forma que el caminante de los cielos, el padre.
Alguna vez frente al espejo, pudiste reconocer a aquél que podría llegar sin problemas a aquel lado y durante años te has negado y ahora estas mas lejos que nunca y a la vez, más cerca.
Mi maestro. ¿Acaso dejas la docencia? Tu eres no menos que un docto.

Y tu eres no menos que un aprendiz.

El cambio.

Y helo ahí.

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